Sigue
siendo 3 de Abril, pero estoy escribiendo mí mañana imaginario. Hoy yo estaría
en la cama reflexionando en lo que fue nuestra salida. Nuestra primer salida,
nuestro primer contacto. Repasaría todos mis errores pero me daría cuenta de
que, al despedirnos, ella me habría sonreído. El problema es que, hice algo
mal, me fui, nos fuimos, solo sabiendo cuáles eran nuestros nombres. Ella sabía
de mi basura, pero, ¿Cómo eso iba a ayudarla en algo?
Le
había contado que todo cambió en cuanto ella entró al colegio San Martín, ella
reconocería dicha institución pues está a unas dos o tres cuadras de la plaza.
Ignoré los mensajes de mi vieja, hasta que se hizo el mediodía y ella me dijo
que tenía que irse, Artemisa. No sé a donde se habría ido, no sé si tenía un compromiso.
Ella sí sabía de mí, pero yo no de ella. No le di mi número, no le di mi apellido para que me buscase en Facebook, ni ella lo hizo conmigo. Simplemente se había ido, pero al
despedirse, me habría sonreído.
La
tarde la pensé toda, pensé en ella. En la noche, fui al colegio, tuve orgánica
y no sé qué más. Algo de termodinámica. Con mis 5 amigos hablé lo normal. A
ella, a Artemisa, ni pensé en mencionarla. Se hubiesen sorprendido de todas
formas, ¿Yo hablando con una desconocida? Se nota que todo esto es imaginario.
Si lo hubiese dicho, me hubieran creído, pero me hubiesen llamado boludo (y lo era) por no
pedirle ningún tipo de vínculo. Eso, esto, nunca podría pasar, recuerden que es solo una historia de ficción. Pero si hubiese pasado, hubiese pasado la noche superficialmente. Mis amigos comentaban lo de siempre, yo
comentaba lo de siempre. Pero pensaba en otras cosas, pensaba en ella.
Y
entonces volvía a mi casa, en el colectivo la pensaba, caminando la pensaba, y
todo igual. Llegaba, iba a face, comentaba algo con los de siempre, y me iba a
dormir. Pensando en ella. Tal vez a Lemos le hubiese comentado de esta
experiencia, pero no, creo que no. Lemos está para cosas más significativas. Y
si bien Artemisa sería algo significativo, yo aún no lo sabía. Ni lo sabría.
Me
duermo, despierto, y volvemos a donde estaba antes del desvío. Hoy es mi mañana imaginario, mi 4
de abril. Como dije, reflexionando en la cama, sobre ella, sobre lo que pude y
no hacer. Pensando de a momentos que, como ella dijo, solo me usó. Me usó para
escarbar en mi basura y eso. Llenar parte de su cuerpo con la miseria ajena.
Recuerdo haberle dicho que, a los dos o tres días yo ya había sido reemplazado.
Que intenté, pero no pude. Que seguía intentando pero ahora estaba resignado a
que ella no me iba a dar bola. Carolina. Sí, le había dicho a Artemisa, la
chica de mis sueños, que extrañaba a Carolina. Supongo que eso fue lo que la
espantó. Seguramente eso fue.
Como
dije, reflexionando en la cama sobre ella. Hasta las 8:00 de la mañana, porque por
cierto, me despierto a eso de las 6:00. A las 8:00 mi vieja no está, a esa hora siempre lleva a
mi hermano al jardín. Él cumplió 5 años el 2 de abril por cierto. El punto es
que, en lugar de pensar en ella, me puse en movimiento. Me vestí, usé el mismo
gorro de ayer, por ahí eso la ayudaba a distinguirme, si me cruzaba, si quería
cruzarme. Y me fui. Caminé y vi de todo. Menos a ella.
Me
senté en los dos bancos, observé el MCDonalds, pensando que ella por ahí volvía
a este lugar. Pensando que ella podría haber pensado lo mismo que yo. Teniendo
ilusiones, soñando despierto. Pero no vino, no pasó. Mi vieja me llamó y la
atendí. Preguntó si volvería a almorzar fuera. Le dije que no, que me espere, y
para el mediodía estaba otra vez en mi casa. Almorcé una comida sin sentirle, sintiéndome decepcionado por no haberla visto, sintiéndome
tonto por no haber intentado ser más que un desayuno para sí. Durante la tarde,
estuve suspirando mientras volvía a pensar en Carolina. Pensaba, en los 40
minutos que tiene para almorzar. Pensaba en ella almorzando con el chico con el
que sale ahora. Pensaba un montón de cosas, me hacía mala sangre innecesariamente. También
pensé en Artemisa y todo lo de ayer, pero no podía hacer nada. Absolutamente
nada.
Aproximadamente
a las dos de la tarde, revisé Facebook y noté que estaba conectada Lemos, que
era como mi especie de confidente. Esperé una media hora antes de decidirme a
hablarle. En un principio le hablé del mal sabor que me dejaba en la boca el
pensar en Carolina todo el tiempo y deprimirme porque ella no está.
Posteriormente, entre una cosa y otra, contándolo como si fuese un anécdota
más, le hablé de Artemisa.
No
le dije lo que el nombre significaba para mí. Solo le hablé de la ocasional
chica que conocí de forma ocasional. Le conté que estaba leyendo Rayuela (me decidí por Rayuela). Lemos
había leído Rayuela y creo que se sintió bien al ver que salí adelante por lo menos por una mañana.
Hablamos
de Cortázar, hablamos de ella, cosas que no puedo ni quiero mencionar. Escarbé
en su... Felicidad, porque Lemos es una chica que hace ver feliz a su basura. Y, antes
de que ella se fuese a tomar mates, le escribí a modo de pregunta.
-
¿Creés que
debería volver mañana en la mañana?
Entonces ella, tardó un poco
pero me contestó.
-
Fuiste hoy,
¿Perdiste algo? Creo que no. Así que andá, y sé feliz como quieras. O más bien
como puedas.
Me aseguré de marcarle un
“Visto” y la dejé ir sin más. Ella tenía sus propios asuntos, no la culpo, la
admiro por la madurez con la cual afronta sus problemas. La tarde siguió
pasando. Antes de que terminase salí hacia mi colegio. Esta vez, atravesé la
plaza antes de ir a la parada de colectivo. Aún tenía la esperanza de verla.
Dejé pasar algunos de mis colectivos, buscando que se asomara por alguna
esquina y reconociera mi gorro. No apareció. Cerca de las 17:30 de la tarde,
decidí ir al colegio igual y llegar tarde. Me hubiese quedado más, pero tal vez eso me
forzaría a cruzarme con Carolina, ella salía poco después de las 18:00 del San
Martín, y si recuerdan, ese instituto está cerca. No quería ver ni la posibilidad.
Sabiendo que iba a llegar tarde, me relajé. Observé el
paisaje a través de la ventana del colectivo. Todo el viaje pensé en sí, en
Artemisa, en Artemisa subiendo milagrosamente en alguna parada de Hurlingham.
Obviamente no pasó. Podría hacer que pasara, esta historia es producto de mi imaginación, pero no lo hago.
Cuando bajé, y me dirigí a mi institución, me di cuenta
de que era jueves y podría haber aprovechado unos minutos con mi profesora
favorita. Ella salía 17:45 los jueves, y la primer y última vez, la había
interceptado para hablarle un poco. La profesora Carestía había sido mi
profesora de literatura durante el año pasado. Yo había adquirido un
sentimiento de gran aprecio hacia sí. Ella además de enseñarme literatura, me
enseñó de la vida y de los sueños en ella. Confío en que si le hubiese hablado
de Artemisa, ella me hubiese dado algún tipo de apoyo. Es como una
madre, pero una amiga, una consejera. Es todo. También quería hablarle de mis
sentimientos hacia Carolina.
Perdí
mi oportunidad, pero comencé a planificar el próximo jueves. Definitivamente
llegaría temprano. Por suerte todo esto es imaginario (no sé si suerte, me gustaría que pase), hoy aún es miércoles y
mañana llegaré temprano a interceptarla. Pienso darle un abrazo. Pero volviendo
a mi fantasía, volviendo a este 4 de abril imaginario; acá estaba, llegando
tarde, dándole mi carnet a la portera para que me permita pasar. Nada del otro
mundo. Subí las escaleras, la clase no había empezado así que no me perdí de
nada. Cuando empezó, Tuvimos matemática. Cuando empezó la clase me percaté de
que al final, no había echo la tarea pendiente que tenía. Me mordí el labio e
hice todo en clase, asumiendo mi irresponsabilidad. La pofesora igual, mucha
bola no me dio.
Al
momento de recreo, un receso de 20 minutos, me perdí en mi mente. Hablé con
Sebas, Sebastián, uno de mis 5 amigos. Hablamos sobre manga y anime y cosas
así. Nada que pudiese participar como relevante, aunque durante ese corto
período de tiempo, me centré en otra cosa que no fuese Caro. O Artemisa.
No tardamos en sentarnos en un banco y ponernos a escuchar música. Cada uno por separado, cada uno en lo suyo, sin decir una palabra. Dosed, Make You Feel Better, Turn It Again, y cuando estaba terminando So Much I, sonó el timbre para que volvamos arriba, a continuar con nuestra clase. Antes de pasar este punto, quiero mencionar que desde ya años atrás, escucho Red Hot Chili Peppers, es mi banda favorita. Ahora lamentablemente no hace más que recordarme a Carolina, porque yo compartí mi música consigo y hacerlo provocó que ella se hiciera parte de la misma.
No tardamos en sentarnos en un banco y ponernos a escuchar música. Cada uno por separado, cada uno en lo suyo, sin decir una palabra. Dosed, Make You Feel Better, Turn It Again, y cuando estaba terminando So Much I, sonó el timbre para que volvamos arriba, a continuar con nuestra clase. Antes de pasar este punto, quiero mencionar que desde ya años atrás, escucho Red Hot Chili Peppers, es mi banda favorita. Ahora lamentablemente no hace más que recordarme a Carolina, porque yo compartí mi música consigo y hacerlo provocó que ella se hiciera parte de la misma.
Saltando
el tema, que para mí de todas formas es importante; como dije, sonó el timbre. Subí, con Seba, sin decir nada, nos
sacamos los auriculares y comentamos más cosas sin relevancia. En mi banco, que estaba al lado de mi tocayo, Matías,
(por cierto, el más cercano de los 5 y tal vez mi mejor amigo), esperé. Preguntó
si había trascrito Instrucciones para
vestir la camiseta, el sabía que lo había publicado en mi blog, sin embargo
no sabía si lo había copiado o no. Para su sorpresa, sí, lo había echo. Llegó
la profesora de literatura, que no me cae ni cerca de bien en comparación a la
profesora Carestía. Evaluó mi cuento, y no dijo nada relevante. Me decepcioné a
mí mismo, pues esperaba algún halago, como buen lector me gustaría ser un buen
escritor. Pero no me hice mucha mala sangre, su opinión no era de mi
importancia.
Y
pasó, la noche. Con más metáforas, metáforas que no me parecían, discrepaba con
la opinión de mi profesora. Sin embargo, no decía nada. Intercambiaba miradas
sorprendidas con Matías, y simplemente dejaba ir la hora. Pensando en Carolina,
mi lectora y vieja compañera de cuentos, y en Artemisa, que había estado
leyendo Cortázar el día que la conocí. Atendí a la clase, eso sí. Noté que
tengo errores de sintaxis al escribir. Eso no me pasaba antes, me pasa ahora, a
veces en papel, a veces cuando escribo con el ordenador.
Finalmente
la clase terminó. No tengo ganas de inventar una tarea para el siguiente
jueves, así que digamos que hice todo en clase. Caminamos hasta que 3 de mis 5
amigos se separaron del grupo. Viajé con Seba y dejé a Gonzalo, mi amigo
restante, atrás. Como de costumbre volví en el 182. No subió Axel, el ex novio (anterior
a mí) de Carolina, creo que él viaja en el 53 siempre, con Javier, su amigo. Me
senté en un asiento doble con Seba. Sin decir una palabra. Cuando él se fue,
nos apretamos la mano como de costumbre, y tras eso volví a escuchar Red Hot.
Había
tomado el 182 del Cartel “Rosales”. Tardaba más, me daba más tiempo para
pensar. Pensé en Artemisa, pensé mucho en Artemisa. Pensé muchísimo en Artemisa.
Pensé en que definitivamente no la volvería a ver, y las decepciones que ello conllevaba.
Bajé en la calle Irigoin, caminé solo como de costumbre. Sinceramente me
aterraba un poco, a la izquierda tenía un barrio algo desierto. Pero en lugar
de pensar en el miedo que me provocaba, esta vez, me puse a pensar en Artemisa.
La plaza de San Miguel estaría a unas 9 o 10 cuadras de mi ubicación. Tal vez
menos. Creo que más. Ella podría vivir por acá, podría vivir en aquel edificio,
podría estar más cerca de lo que yo creía.
No,
no debía ilusionarme con nadie más. La última vez que lo hice fue el 2 de
Abril, dos días atrás (aunque en realidad hoy es 3 de abril, porque este es mi mañana imaginario), y mi consecuencia fue
estamparme, levantarme a las 1 de la madrugada y sentir un sentimiento
horrendo. Ilusionarme está mal, porque uno puede tener fe, pero la decepción te
la va robando de a poco. Eso aprendí en estos días. Aunque sigo teniendo fe.
Por otro lado creo que las cosas las debe crear uno mismo, Carolina me decía
que deje que la historia se escriba sola. Pero no se escribe sola si no le das
la primera oración. No podés quedarte como autista esperando que las cosas
pasen porque sí. Si hubiese dejado eso, si no hubiese dado el primer paso, no hubiese tenido vínculos con nadie. Mañana iría nuevamente al banco, a esperarla. En la noche
conversaría (si estuviese) con Agustina, una amiga, hasta irme a dormir
aproximadamente a las 23:30 – 24:00.
Y
mañana emprendería mi búsqueda nuevamente, en ese mundo de gente matinal. Cerca
de mi casa, apuré el paso por la oscuridad, la lluvia y el frío. Abrí y cerré rápido el
primer candado (vivo en una vecindad), me aproximé a mi departamento, abrí el
segundo candado, y me adentré en la calidez de mi hogar.
Antes
de dirigirme al ordenador, como acostumbraba, me senté en la mesa unos 6
minutos para hablar de mi día con mi madre. No le dije nada de relevancia,
nunca lo hacía. Y después fui, me senté en mi silla, abrí mi explorador, abrí
Facebook. Y me sorprendí. Me sorprendí al ver que tenía una solicitud de
amistad de alguien llamado “Misa Belleggia”, con una foto de perfil de una
chica de cabello oscuro y ojos castaños, igual a Artemisa.

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