viernes, 24 de agosto de 2012


Caigo en un profundo vacío, desde el cual no puedo hacer más que caer. Quiero despertar, pero esa fuerza extraña no me lo permite. Mientras tanto diviso distintas cosas, principalmente dos figuras conocidas. Una me es indiferente, pero la otra me importa demasiado y hace cosas que consiguen herir mis sentimientos. Observo en silencio y me pregunto cuando voy a despertar.

Hasta que dejo de caer. Abro los ojos, estoy traspirando a pesar de que hace mucho frío y estoy vestido solo con mi ropa interior. Me llevo la mano al pecho y le susurro a Dios en forma de pregunta si me permitirá volver a dormir con normalidad alguna vez. Sé que su respuesta es negativa.

Sueño de hoy, que me despierta a las 4 para amargarme la noche.

martes, 21 de agosto de 2012

Silencio.

Uno en el fondo siempre guarda algo que no le puede decir a nadie. Hay secretos de todo tipo, bochornosos, melancólicos, patéticos, y más adjetivos. El silencio más de una vez se vuelve un escudo para protegernos de armas inexistentes. Tienes algo que te condena, y por dentro te carcome, pero te tranquiliza saber que mientras no salga de tu boca, tu círculo no se alejará de ti.

Los secretos son peligrosos, es por eso que se nos hace tan difícil soltarlo: tenemos miedo. Tenemos miedo de que no nos acepten, y hay cosas que realmente se justifican. Lastimamos a personas al ocultarlas, pero nos convencemos de que eso es mejor. No es mejor, no es para nada mejor. Los secretos son egoístas, lastiman tanto a tu alrededor ignorante como a tu interior sabio.

Los secretos poco a poco nos ahogan y terminan por matarnos. Nos pudren, siembran desconfianza, desplazan a la fluidez, cambian la honestidad, ocultan la verdad. Callar está mal, porque los secretos matan. 

domingo, 19 de agosto de 2012

Mi acosadora sombra.


Nunca miro atrás, es que siento que hay alguien acosándome las 24 horas del día. Siento que me susurra al oído cosas que resultan mis pensamientos, ella o lo que sea, influye demasiado en mí. Es fuerte, es dura, infunde temor en mi mente, no la soporto.

Cuando camino solo sé que me está haciendo compañía, pero no es grata, me da miedo. No oigo sus pasos, no oigo su respiración, no oigo sus palabras a pesar de que habla. Es como si no estuviese, pero sé que está. Por momentos me convenzo de que sus intenciones no son buenas, pero pronto entiendo que ella es neutral.

Muchos dicen tener un ángel guardián, yo la tengo a ella, supongo que suplantó el lugar del ángel que me tocaba a mí. Cuando la veo, me muestra lo que soy en realidad, ella me enseña de forma no muy sutil mi debilidad. Mi sombra, mi acosadora sombra, se materializa en forma de un niño paranoico, es decir, lo que soy.