sábado, 18 de agosto de 2012

Cuesta dormir incompleto.


Me mantengo en la ceguera, no puedo verme a mí mismo ni a lo que me rodea. Las paredes y los suelos son oscuros, me dan miedo, me hacen sentir demasiado solo. Posteriormente trato de tocarme el rostro, pero no se siente como de costumbre, de por sí mi piel es áspera pero ahora ella me lastima. No es un buen sentimiento.

De repente abro los ojos, lo previo era un sueño y entiendo por qué desperté, todavía necesito encontrar ese “algo” que alguna vez fue mío. Siento una puntada en el pecho, el dolor no es físico, simplemente es el vacío. Miro a mis costados, mi hermano duerme plácidamente, solo se escuchan los sonidos insoportables de mi mente. No vacilo, no me preocupo por guardar silencio, enciendo el artefacto brillante porque es mi única distracción, sabiendo que rellena falsamente mi mitad faltante.

No vuelvo a dormir. A la mañana siguiente siento el cansancio. Estoy acostumbrado al cansancio, por ello el mismo no demora mi rutinaria vida. Mis pares no se dan cuenta, nadie se percata de lo que sufro por las noches, creen que mi adicción es el problema pero no lo es, el problema es la dolorosa soledad.

Dedicado a todos los que, como yo, tienen problemas de sueño a causa de sentirse solos.

jueves, 16 de agosto de 2012

Perdido.

Siento como se me quema el interior cuando noto que el laberinto es demasiado amplio como para divisar su figura. Lo recorro una y otra vez, variando mi compañía, pero no logro encontrarla. No busco demasiado de ella, solo quiero verla por unos segundos mientras paso a su lado, sentir el débil aroma que desprende su cuerpo, ese que todos ignoran y que tal vez solo yo puedo sentir.

Quiero que sus ojos me busquen y que me esboce una tonta sonrisa. Sé que para ella no significará nada, pero para mí eso valdrá demasiado. Luego de eso, no me importaría volver a perderme. Pero no la encuentro, el laberinto es muy grande y me desespero, aunque quiero seguir buscando. Utilizo mis últimos 20 minutos de cordura caminando de un lado a otro, buscando un encuentro azaroso.

Es entonces cuando las palabras de mi amigo más racional me embisten como si fuese un minotauro: “Tal vez ella esté fuera del laberinto”. Y ahora no puedo esperar, cuento los segundos restantes para el relevo, para retirarme del establecimiento, para verla, incluso si sé que fuera del laberinto existe algo aún peor: un mundo exterior donde yo no existo para ella.

miércoles, 15 de agosto de 2012

Duele asechar lo inalcanzable.

Soy egocéntrico, me gusta representar mi persona con Batman. Pero amo al Joker de mi vida, por lo cual tengo que conformarme con ser Harley Quinn. Me siento identificado con los típicos personajes que se desviven por algo sabiendo que la recompensa es mínima, por no decir nula. Por eso recurro a compararme con Harley Quinn. Su determinación por simplemente recibir una mirada del Joker, esa adicción a querer impresionarlo, a servirle, a ceder su cordura por él... Sé lo que se siente.

Sé que el Joker es inalcanzable para mí, se que lo único que voy a conseguir de él es un tratado cordial, una alianza para sus siniestros planes, tardé o temprano el me va a desechar. Pero no puedo hacer absolutamente nada más, es lo que está a mi alcance, tengo que conformarme con asechar lo inalcanzable.

martes, 14 de agosto de 2012

La lluvia es una máscara.


Todo es ridículamente mejor cuando llueve. Es un hecho, sentís el pelo volverse más chato y manejable, te sacás el gorro (si lo tenés) y notás que estás en un punto medio entre lo peinado y despeinado. Sí, ese punto donde no quedás como un Seba. Además, los cielos son tan grises que la piel contrasta y se ve más blanca, más pulcra. Bajo la lluvia todos nos vemos con una concentración sobrehumana, podríamos decir que las cualidades destacan más. Quienes huyen de la lluvia se ven más tiernos, quienes la soportan sin quejarse se ven más serenos; los dúos que suelen esconderse bajo un paraguas, a los ojos ajenos se ven como parejas ideales.

Pero es una fachada superficial, la lluvia solo nos ayuda a cambiar, a esconder nuestros verdaderos seres. La lluvia es una máscara temporal, cuando el cielo se despeja, la lluvia solo deja el fango, dejamos de contrastar, el cabello se infla y las cualidades vuelven a esconderse. Todo vuelve a ser normal, todos perdemos aquel lugar especial que ocupamos, nos vemos corrientes al caminar, nos vemos sospechosos, volvemos a ser comunes, dejamos de ser hermosos.