Uno en el
fondo siempre guarda algo que no le puede decir a nadie. Hay secretos de todo
tipo, bochornosos, melancólicos, patéticos, y más adjetivos. El silencio más de
una vez se vuelve un escudo para protegernos de armas inexistentes. Tienes algo que te condena, y por dentro te
carcome, pero te tranquiliza saber que mientras no salga de tu boca, tu círculo no se
alejará de ti.
Los secretos son peligrosos, es por eso
que se nos hace tan difícil soltarlo: tenemos miedo. Tenemos miedo de que no
nos acepten, y hay cosas que realmente se justifican. Lastimamos a personas al
ocultarlas, pero nos convencemos de que eso es mejor. No es mejor, no es para
nada mejor. Los secretos son egoístas, lastiman tanto a tu alrededor ignorante
como a tu interior sabio.
Los secretos
poco a poco nos ahogan y terminan por matarnos. Nos pudren, siembran
desconfianza, desplazan a la fluidez, cambian la honestidad, ocultan la verdad. Callar está mal, porque los secretos matan.

No hay comentarios:
Publicar un comentario