jueves, 4 de abril de 2013

Una Historia Imaginaria - Capítulo 3.




Si bien en el mundo real es 3 de abril, en mi ficticia historia es la mañana posterior a aceptar a Artemisa. Hoy es sábado 5 de abril. Antes de ayer en la noche llegué y vi su solicitud de amistad. Lleva el mismo sobrenombre que había pensado para mi futura hija. Es “Misa Belleggia”. Lo más irónico es que Belleggia no es su apellido solamente, también es el de Carolina. Es como si en realidad ella fuese mi hija con ella. Sin embargo, mi hija nunca va a existir de esa manera. No con ese apellido.

La esperé aproximadamente hasta las 03:00 de la madrugada. Supongo que se fue a dormir antes de que yo llegara. Revisé sus gustos, parece de las que los fingen un poco. No tiene de todo, pero tiene cosas muy dispares. Puedo ver RHCP en común, puedo ver Foo Fighters en común, puedo ver Queen en común. Espero que no hayan sido algún gusto temporal, esas tres bandas me gustan, en especial Red Hot. Por sus publicaciones estimo que es relativamente social, popular. Las chicas lindas son populares. Tiene comentarios de chicos, parecen ser de los tipos de chicos que me caen mal. Supongo que es una especie de primer celo, que aún ni yo puedo divisar. Artemisa no parece tan interesante, parece más bien una casualidad.

            Sin embargo emerge curiosidad. ¿Cómo supo mi apellido? No recuerdo haberlo dicho mientras le transmitía mi basura. También el motivo por el cual me agregó.

Ayer viernes 4 de abril, me desperté temprano y no reflexioné en mi cama, me mantuve pendiente del ordenador. No sabía si debía ir a la plaza o a MCDonalds nuevamente, o esperar a que ella simplemente se conectase. Creo haber mencionado que yo no era de los que establecían vínculos de esa forma, en persona, yo en realidad los continuaba, previamente usaba un medio para conocer a las personas. Tal vez ella era igual que yo en ese sentido. Aunque su muro se veía demasiado activo para que fuese así.

El sonido de notificación interrumpió mis pensamientos.

-          “hola”

Escribió así Artemisa, sin una mayúscula en la letra H y ni un punto al final. Millones de pensamientos me invadieron en ese momento, quería acribillarla a preguntas. Pero traté de no ser tan raro, no sé por qué. Decidí esperar un minuto y medio para responder, para hacer ver que yo podría estar ocupado.

-          “¡Oh! ¡Hola!”

Escribí buscando tener cierto aire de superioridad. Y antes de que ella me contestase, agregué.

-          “Sos la chica de la plaza, ¿Me equivoco?”

Solía tener la mala costumbre de presumir mi manera de escribir las primeras veces que entablaba conversaciones online. Era patético.

Ella sin nada de orgullo me leyó en un instante y no tardó en responder algo que me pasmaría.

-          “si si, no seas ESA clase de pibe, sabes quien soy”

Sus mayúsculas denotaron que yo era una clase de persona. Me gustó que denotara que yo era una clase de persona. Me decepcionó por un lado, me hizo pensar que esta jugada que estoy haciendo ya la usaron antes. Aunque en realidad no estaba iniciando ninguna jugada, digamos que así abría la puerta la mayoría de las veces. De todas formas, me decepcioné a mí mismo, porque siempre pensé que mi personalidad era única y especial. Y si bien ahora estoy tratando de taparla en mi mundo real, acá, en esta historia ficticia, sigo teniendo el mismo carisma de siempre.

No le respondí, porque noté que estaba escribiendo.

-          “nos vemos en la plaza a las nueve y media?”

Preguntó con bastante asertividad. A diferencia de antes, respondí de forma más suelta y menos pretenciosa. Sinceramente su anterior comentario había nublado mi personalidad.

-          “Sí.”

Seco, seguro, era solo una afirmación. Ella la leyó y se desconectó.


Me desconcertó, sinceramente. Me descolocó su dirección, su brevedad, todo. Incluso si la gente promedio escribe con errores de ortografía en las redes sociales, me desconcertó que ella lo hiciera. De todas formas, aunque notaba que carecía de puntos, tildes y mayúsculas, sus palabras eran demasiado directas. Era como si me forzara a decir que sí, como si no pudiese decir otra cosa. A diferencia de las personas normales, no me preguntó como estaba ni me dio tiempo a preguntarlo. No me dio tiempo a preguntar nada.

Ahora simplemente tenía que esperar hora y media para ir a verla. La curiosidad me pudo y estuve ahí a las 9:00 de la mañana. No había pensado en ella hasta llegar al banco. Al hacerlo pensé en muchísimas cosas, pero no puedo transmitirlas, porque solo estaría mascullando la misma idea una y otra vez. ¿Quién es ella? ¿Por qué me interesa?

Para mi sorpresa, 10 minutos antes de lo acordado, ella llegó. Vestía de forma similar al otro día, usaba jeans y una campera roja que parecía muy abrigada. Yo vestía también de forma similar, jeans, una campera azul que aborrezco, y mi gorro. En cuanto la vi, me paré y me aproximé a ella para evitar que caminase hacia mí. Estando cerca noté una expresión de molestia, una expresión muy hostil, parecía que incluso iba direccionada hacia mí.

-          Hola.

Saludé arqueando las cejas al notar su expresión. Ella levantó la mirada y me miró a los ojos, esbozó una sonrisa con algo de culpa, y acercó sus labios hacia mi mejilla. A diferencia del resto de las personas, no rozó mi mejilla o apoyó la suya. No, la besó, de manera tradicional y correcta. Sentí que sus labios eran cálidos, y mi mejilla permanecía muy fría. Me enamoré por un segundo, pero volví a mi realidad en cuanto ella me contestó.

-          Hola.

Me dijo con una voz suave pero firme, y algo culposa. Habían tantos sentimientos en esa palabra que no podía preguntarle si pasaba algo, porque ella tendría que decirme que pasaban muchísimas cosas. Antes de que pactáramos algo que hacer, ella estaba sentada en el primer banco donde nos sentamos el otro día. La seguí obviamente y me senté a su lado. Permanecimos en silencio durante 5 minutos, con vergüenza, hasta que ella “rompió el hielo”.

-          ¿Cómo estás?

Preguntó ahora en persona, a lo que yo con sorpresa levanté la mirada y vi hacia sí. Ella no me estaba mirando, ella miraba al suelo, expresando cierta incomodidad.

-          Bien, bah, no. Acá ando, tirando para no aflojar.

Le respondí con sinceridad, sintiéndome desdichado, y antes de que pudiese interrogarla sobre su estado, ella ya me habría hablado.

-          Disculpá si parecía cortante por facebook, lo que pasa es que, uso facebook para escarbar en la basura de la gente común. Tu basura merece ser escarbada en persona.

Nuevamente usaba el concepto de escarbar en la basura. Era un concepto muy propio, un término muy propio, me sorprendía el hecho de que ella lo usara sin más. Fuera de Lemos, pocas personas habían sido quienes lo habían oído o leído de mi parte. Era imposible que se hubiese transmitido de boca en boca. Ella simplemente lo habría pensado independientemente de mis influencias. Me sorprendía esta similitud.

            A su respuesta yo mostré sorpresa. No dije nada, porque ella parecía tener algo más que decir, y porque no tenía nada que decir. Evidentemente, lo que le interesaba de mí era mi basura para escarbar, ella era egoísta y quería tapar su hueco con mis problemas. Apreciaba su honestidad, y me sorprendía su egoísmo. Me parecía genial en el fondo, como si me pasmara.

-          No creas que sos el único al cual le hice de psicóloga. Con vos pasa que a diferencia de los otros, parecés realmente lamentarte por tu pérdida. Esta mina Carolina, de la que me hablaste, no parece ser una más.

Escuchar el nombre de Carolina viniendo de otra persona, como siempre, me hacía daño. Las deducciones se confirmaban, yo simplemente era uno de sus experimentos. Pero a la vez era un experimento, un paciente “especial”. Y no me decepcionaba ni entristecía serlo. Lo aceptaba porque yo con la gente hacía lo mismo, buscaba su miseria, su basura, para tapar los agujeros que tenía mi vida. Se sentía extraño estar del otro lado. Más que nada porque esta persona no ocultaba sus intenciones, al igual que yo.

            Iba a articular una respuesta, inicié con un “ehm...” pero ella fue más rápida. Me interrumpió.

-          Sobre como te encontré, no fue tan difícil. Mencionaste muchas veces el San Martín, mencionaste muchas veces el quinto año. Bastó con ir y buscar a una Carolina para preguntarle si tenía un ex novio llamado Matías, y cuál era su apellido. Probé con dos, a la tercera di con la tuya.

Explicó con sencillez y desdén, como si yo debería haberlo deducido previamente. Me desconcertó, y al finalizar, prevaleció el silencio. El ver a alguien que recientemente había entrado en contacto con Carolina me hacía sentir extraño. Y lo que era más importante, me hacía pensar. Pensar en cosas, muchísimas cosas. Todas sobre ella.

-          ¿Estaba sola cuando la viste?

Pregunté con algo de exasperación, rompiendo el silencio establecido. Ella me miró instantáneamente, mostró una sonrisa complacida y me dijo:

-          No, estaba con un chico más delgado y lindo que vos. Y se veía feliz.

Es como si incluso supiese que yo tenía complejos con mi peso y mi apariencia. Me hería al decirme esto, pero a la vez, me inspiraba mucho interés pues nunca había encontrado a alguien más honesto y directo que yo. Recuerdo haber llegado a pensar que ella no era nada interesante. Ahora se me hacía la persona más interesante en el mundo.

            Sin embargo recaí en lo que ella había echo. Y sostuvimos nuestra primera conversación con tono elevado. Con cierto enojo mascullé lo siguiente:

-          ¿Qué?... Pará, ¿Qué?

Pregunté con desconcierto.

-          Que era más delgado y...

Interrumpí rápidamente.

-          No no no no no, ¿Qué? ¿Cómo que fuiste a preguntarle a Caro por el apellido de su ex novio? ¿Qué clase de persona hace eso? Ahora debe pensar que soy patético, que mandé una mina para darle celos o algo por el estilo. No soy esa clase de persona.

Ella bufó, revoleó sus ojos y con la asertividad que me había mostrado en la red social, me respondió:

-          ¿Y qué te importa? Ella te dejó, no debería importarte. No le importás de hecho.

A lo que con enojo le dije:

-          Pero me importa, porque soy humano, porque ella me dejó pero yo creo que no la dejé--

Interrumpió con algo de ira.

-          Entonces sos patético. Estás lastimándote a vos mismo incluso sabiéndolo.

Yo apreté mis puños porque me daba rabia lo que me estaba planteando. Evitaba que todos me hablaran mal de Carolina porque simplemente no podía verla como una mala persona. ¿Y de una desconocida? ¿Una persona quien apenas sabía quien era? Me daba mucha más rabia.

-          ¿Y quién sos vos? Vos desconocés mi historia, te lo recuerdo.

Dije a lo que ella respondió.

-          Ayer me contaste parte de ella. Estoy en posición de decirte lo que quiero porque simplemente lo quiero.

Tras esto hice una pausa, y me percaté de algo interesante, molesto, pero nada extraño por la personalidad que me mostraba. Ella, mientras me gritaba que era inferior al nuevo compañero de Carolina, mientras me decía que era patético, en todo momento, estaba sonriendo. Y cada vez que yo le retrucaba algo, su sonrisa simplemente se hacía más clara.

            Era como si disfrutara de verme enojado, o no, es como si eso fuese justo lo que ella quería que yo hiciera. Yo a su planteo no podía responder nada. Y es que era cierto, y es que ella podía decir lo que quisiera. Podría haberle respondido que era distinto, que ella no sabía toda la historia. Pero sus ojos me transmitían un sentimiento intimidante que impedía que yo dijese algo.

-          ¿Cómo reaccionó ella? ¿Cómo reaccionó él?

Pregunté agachando la cabeza, con mucha más calma, respirando profundamente. Noté una sonrisa siniestra en su rostro otra vez. Confirmándome que evidentemente, yo actuaba como ella esperaba o quería.

-          Con sorpresa, como lo esperás. Creo que a ninguno le sentó muy bien. Carolina se pausó y me dijo “Demaro”. Yo le agradecí y me fui y creo que me vieron como una loca.

Mencionó ahogando palabras en un suspiro, pero prosiguió antes de que yo pensara en decir algo.

-          Linda piedra para honda, chabón. Es una chica muy linda, pero te equivocaste si pensabas que ibas a tener algo sólido. Las chicas lindas, por más afectivas y respetuosas que sean, merecen chicos lindos. Y vos del 1 al 10, no voy a decir que sos un 1, pero serás un 4, un 5. Con mucha suerte un 6.

Ante esto nuevamente sentí algo de dolor. Era la segunda persona en mucho tiempo que me decía que era feo. De niño siempre lo decían, pero últimamente, creo que solo una compañera de clases, Yesica, me lo había dicho en la cara. En el fondo me contentaba que fuese honesta. Pero no podía evitar sentirme mal conmigo mismo por mi apariencia.

-          Entiendo, valoro tu sinceridad.

Respondí con la cabeza gacha, a lo que ella palmeó mi espalda mientras no paraba de sonreír.

-          Sé que lo valorás. Pero, ¡Ojo! ¿Sabés en qué tenés que pensar? Pensá en que si, careciendo de un físico conseguiste una chica tan linda, tu personalidad debe de ser genial.

Ante esto me sonreí con desdicha. En una sociedad superficial como esta, no importaba que tan sincero, bueno, detallista y divertido seas. El pie que debías tener, era la buena apariencia. Y yo tenía mal gusto para la ropa, y sinceramente no tenía un cuerpo atractivo.

            Por otro lado, una persona que podía decirme feo sin más, no podía estar mintiéndome sobre otra cosa. Si decía creer que mi personalidad era realmente genial, era que verdaderamente lo creía.

-          Gracias.

Solté cierta risita agachando la mirada con desprecio hacia mí mismo. Ella me respondió un “de nada” que se perdió en el aire. Tras esto se levantó y me miró, de alguna manera expresándome la orden de caminar. Le levanté y me coloqué a su lado, sin decir nada. Pero, como parecía ser costumbre, ella quebró el silencio:

-          Admito que me pareció genial que ayer vinieras y tuvieses el coraje de tratar de cortejarme como si fuese una serie norteamericana.

De alguna manera sentía que hablaba con más propiedad. Pero al oír la palabra “cortejarme” no pude evitar corregirla.

-          No, no, no estaba tratando de cortejarte. Simplemente buscaba alguien con quien hablar. No te miento.

Ella se sonrió al escuchar mi respuesta. Me miró y asintió, estando de acuerdo con mi corrección. Creo que notaba que yo era alguien que cuando tenía un pensamiento o sentimiento, simplemente lo decía. Buscando darme algo de nerviosismo, me comentó.

-          Ya entendí, ya entendí, no soy tan linda como tu ex.

Y entonces yo me sonreí. Pero no respondí, porque era cierto. Si bien Artemisa era muy linda, Carolina seguía siendo la chica que más me atraía en todos los sentidos. Tal vez para gente común, ella era una chica normal, pero a mis ojos, los ojos de un enamorado no correspondido, ella era hermosa.


            Caminamos en silencio alrededor de la plaza unas dos veces. Noté que su intención era que esta vez, yo rompiera el hielo, y lo hice:

-          Ayer te dije que le di todo. Sinceramente, eso me tiene algo loco. No soporto la idea de no tener más nada para dar, no soporto la idea de que todo lo que pase después de ella, va a pasar por segunda vez.

Sabía que ella quería escarbar en mi miseria, así que fui directo al grano, hablándole de ella. Entonces Artemisa asintió, aprobando, esperando que yo prosiguiera.

-          Me gustaría simplemente borrarla o reemplazarla. Pensé en ir, y tener algo que no signifique nada. Pero no tendría el coraje. Y cada vez que me decido a olvidarla, hay una señal, suya o del universo que me dice que no. Así lo siento, bah.

Le comenté con algo de pena por mi mismo. Porque realmente la sentía en el fondo.

-          No es que me sienta avergonzado. No me siento avergonzado de haber dado todo, pero en el fondo no sé si arrepentirme o no. Sé que lo que hice, lo hice con el fundamento más grande de todos. Pero no puedo soportar la idea de no tener nada nuevo para dar. Le di mi música, le di mis hábitos, le di mis gustos, le di todo.

Al terminar de decir esto, suspiré, sintiéndome mal conmigo mismo. Sintiéndome patético. Y ella no respondió, ella solo miró hacia el frente. Su expresión denotaba concentración, ella me estaba escuchando, ella estaba interesada en lo que decía. Pero no parecía tener algo que responder aún.

-          Me siento mal, me siento solo. Me siento estúpido porque todavía quiero que vuelva.

Allí, con velocidad, me respondió:

-          Pero no va a volver, y tener que seguir adelante. No voy a decir que me parecés patético. Pero creo que el amor que sentís es el patético. Según me dijiste el otro día, hace dos semanas está solo, y trataste de buscar otra compañía. De hecho, por eso me hablaste...

E hizo una pausa antes de proseguir.

-           Y es que el resto de los pibes, si son cambiados por otro chico, simplemente empiezan a hablar de la mina como si fuese una puta, y se comportan como si nadie más que ellos tuviese valor. Vos sos distinto, vos experimentás los verdaderos sentimientos. Creo que ella no, porque te superó. ¿Pero vos? Lo ideal sería que fueses más humano, que fueses más injusto, que la insultaras a la espalda, que vayas y te acuestes con una mina por venganza. Sería lo más sano para vos. Pero vos... Ahí está lo que le gustaba de vos. Vos sos distinto, vos podés pensar en ir y hacer la tuya, pero no podés tratar de hacerlo.

Fue la primera vez que la escuché decirme tantas cosas. Me sorprendió la madurez y la objetividad con la que me respondió. Era como si no fuese la chica burlesca de siempre, pero aún, me estaba diseccionando, todavía su único interés era escarbar en mi miseria.

            No respondí nada, ella no agregó nada, simplemente seguimos caminando hasta que se hicieron las 10:30 de la mañana. Todo esto ocurrió en una hora. No mencionamos desayuno, no mencionamos MCDonalds, nada. Simplemente caminamos, compartiendo pensamientos en silencio.

            A la hora dicha, ella estiró sus brazos y bostezó. Me miró, hizo una pausa prolongada y simplemente me dijo:

-          Bueno, nos vamos.

Yo asentí, en el fondo porque no tenía sentido caminar en silencio. No había más para decir ni para hacer. No sabía que deparaba, ya teníamos un contacto fijo, ya le había compartido más de mi miseria. ¿Pero después de esto? ¿Qué?

-          Mañana es sábado. Si no tenés compromisos, vamos a salir. Podemos pasar todo el día. Te cuento que, como te dije, tu caso merece ser tratado en persona. Así que no te permito que me hables vía facebook, salvo que quieras verme para contármelo en persona. Vos me avisás, nos vemos, pero no nada de miseria online. Sos alguien que necesitar ser escuchado, y yo alguien que quiere escuchar.

Asentí nuevamente sin decir nada. Ella seguía y seguía sorprendiéndome con lo directa que era. Lo único que me limité a decir es:

-          Mañana, acá, ¿A la misma hora?

Ella dijo que sí, me sonrió, me dio un beso en la mejilla y se fue. Simplemente se fue.


El resto de mi 4 de abril es irrelevante. Ese viernes, ayer, lo único de relevancia fue Artemisa. La chica de mis sueños, incluso si aún no lo sabía. La tarde pasó y solo pensé en lo que me dijo. En todo lo que me dijo. La noche fue lo mismo, no le presté atención a mis amigos o a la clase. Pensé en el 5 de abril, la mañana de hoy, recuerden que esto sucedió ayer. Ella dijo que nos veríamos. Tenía un compromiso de hecho, pero lo cancelé, para verme hoy, ahora, en tres horas y media con Artemisa nuevamente. No sé que me va a deparar. Pero por primera vez en mucho tiempo, pienso en Caro solo para pensar en otra persona. Por un segundo, estoy siguiendo adelante.

No hay comentarios:

Publicar un comentario