miércoles, 29 de agosto de 2012

Gritos.


Pretendo ser bueno, pretendo querer escuchar a los demás por un sentido altruista que no existe. Soy un ególata que se siente bien oyendo los gritos ajenos, a tal punto que a veces me atrae producirlos. Sí, no entiendo por qué, pero me gusta escarbar en la miseria. Me hace sentir bien, prefiero eso a descargarme yo, siento que doy lástima. Odio dar lástima.

Uso a la gente que es interesante e irrelevante. Pero con unos pocos sucede algo extraño, despiertan interés real en mí, hacen que sienta deseos de ayudar. Los gritos comienzan a importarme, y trato de brindar ayuda, pero de alguna forma lo arruino y ellos me abandonan, haciéndome vagar en la oscuridad hasta encontrar a la próxima persona dispuesta a gritar frente a mí.

Quiero anular el ciclo, no quiero perder más gente, no quiero quedarme solo, quiero que me acepten, que acepten mi ayuda, que no me juzguen ni se sientan juzgados. Me doy cuenta de que no sirve esperar nada de nadie, debo obtener lo que quiero con mis propias manos. Pero es difícil.

¿Debo fingir? No, me juzgarían por mentiroso. ¿Debo ser sincero? No, no suelen aceptar mi sinceridad. ¿Debo seguir con mi plan de escuchar gritos de gente que no me importa? No, ayer colapsé, es aburrido cuando se pierde a alguien interesante por un fetiche extraño. Debo callar los gritos sin esperar nada a cambio.

1 comentario:

  1. Idem. Es así amigo, lamentablemente no se puede esperar nada de nadie. Y queremos ser alguien de quien esperen y tomen, pero te das cuenta al final que te están usando. Es la historia de mi vida. Lo úunico que sirve es ser independientes y "autoabastecerse" es triste, por que te sentís solitario... creo que en el momento en el que dejas de preocuparte es en el que aprece lo que esperamos. O eso creo. Y a la gente no le interesa la verdad, interpretan lo que quieren.

    ResponderEliminar