Pretendo
ser bueno, pretendo querer escuchar a los demás por un sentido altruista que no
existe. Soy un ególata que se siente bien oyendo los gritos ajenos, a tal
punto que a veces me atrae producirlos. Sí, no entiendo por qué, pero me gusta
escarbar en la miseria. Me hace sentir bien, prefiero eso a descargarme yo,
siento que doy lástima. Odio dar lástima.
Uso a la
gente que es interesante e irrelevante. Pero con unos pocos sucede algo
extraño, despiertan interés real en mí, hacen que sienta deseos de ayudar. Los gritos
comienzan a importarme, y trato de brindar ayuda, pero de alguna forma lo
arruino y ellos me abandonan, haciéndome vagar en la oscuridad hasta encontrar
a la próxima persona dispuesta a gritar frente a mí.
Quiero anular el ciclo, no quiero
perder más gente, no quiero quedarme solo, quiero que me acepten, que acepten
mi ayuda, que no me juzguen ni se sientan juzgados. Me doy cuenta de que no
sirve esperar nada de nadie, debo obtener lo que quiero con mis propias manos. Pero
es difícil.
¿Debo fingir? No, me juzgarían por mentiroso. ¿Debo ser sincero?
No, no suelen aceptar mi sinceridad. ¿Debo seguir con mi plan de escuchar gritos
de gente que no me importa? No, ayer colapsé, es aburrido cuando se pierde a alguien
interesante por un fetiche extraño. Debo callar
los gritos sin esperar nada a cambio.

Idem. Es así amigo, lamentablemente no se puede esperar nada de nadie. Y queremos ser alguien de quien esperen y tomen, pero te das cuenta al final que te están usando. Es la historia de mi vida. Lo úunico que sirve es ser independientes y "autoabastecerse" es triste, por que te sentís solitario... creo que en el momento en el que dejas de preocuparte es en el que aprece lo que esperamos. O eso creo. Y a la gente no le interesa la verdad, interpretan lo que quieren.
ResponderEliminar